Los hijos de la madre tierra

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Una vez escuché la frase: “En lugar de pensar que planeta damos a los niños, debemos preocuparnos que seres humanos estamos dejando al planeta”, y concuerdo totalmente con ella.

Los niños nacen amando la naturaleza, lo demuestran con el asombro y la alegría que expresan cuando están en contacto con ella, tristemente ya sabemos lo que pasa conforme crecen, especialmente en los entornos urbanos.

El desafío de los adultos, para lo que nunca es tarde, es enseñarles a volver a conectar con esa esencia, con esa psique dejada de lado; para que prevalezca la humanidad en armonía y equilibrio con su medio, que a las finales nos hará más felices a todos.

Si estás de acuerdo conmigo, no puedes dejar de revisar esta propuesta ANIA ORG (su fundador tiene una entrevista en este blog) y el documental, El Comienzo de la Vida 2 : La Naturaleza, en Netflix, te aseguro que luego de verlos, no hay otro camino.

Ya que nos referimos a los niños y el mundo natural, les dejo esta breve pero bonita historia y un enlace en el que encontrarán más datos para compartir con los peques de la casa, hijos, sobrinos, nietos.

La tierra esta triste

Habían hecho un corrillo en el universo.

– La Tierra tiene muy mala cara – dijo la luna.

– ¡Tienes razón; está muy apagada! – asintió el sol.

– He oído que la gente que vive en ese planeta no la cuida nada bien – dijeron las estrellas.

 ¡Creemos que está enferma! – exclamaron las osas.

Y todos se acercaron al planeta para preguntarle qué le pasaba.

– ¡Hola Tierra! ¿Te encuentras bien? – habló primero la luna.

La Tierra la miró con los ojos llenos de lágrimas y no pudo contestar.

– ¡Nos estás asustando, Tierra! ¿Qué te sucede? – preguntaron de nuevo las estrellas muy preocupadas.

– ¡Cuéntanos! – insistieron todos.

– Creo que las personas no son conscientes del daño que se están haciendo – contestó muy afligida.

La luna, el sol, las estrellas y las dos osas la miraron callados esperando que continuara hablando.

– Los hombres están quemando bosques, talando árboles, llenando el mar de basura, exterminando a los animales – dijo sollozando de nuevo.

– El calentamiento global está deshelando mis polos. ¿¡Cómo no se dan cuenta!? ¡Están destruyendo la naturaleza! – dijo tapándose la cara que ahora lucía colorada y febril.

Unos niños que estaban jugando en la calle escucharon la conversación.

– ¡Tierra, Tierra! ¡No llores más, por favor! – gritaron con todas su fuerzas para que los oyera.

– ¡Decidme pequeños! – les dijo tragándose las lágrimas.

– ¡Nosotros te vamos a cuidar! ¡No permitiremos que mueras! – prometieron con voz temblorosa.

La Tierra entonces sintió un enorme alivio cuando vio la transparencia de sus ojos; solo esperaba que de adultos no olvidaran su promesa.

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